sábado, 29 de marzo de 2014

"Yo nací en Córdoba el 20 de abril de 1910, a las ocho de la tarde..."

Así, con el título de esta entrada, empieza la autobiografía de uno de los artistas contemporáneos que ha dado a luz la ciudad de Córdoba: Ángel López-Obrero Castiñeira.
Como suele pasar con las ciudades pequeñas y sus pintores, sus poetas, sus músicos y sus artistas en general, el reconocimiento que tuvieran en su momento, aquellos que pudieran obtenerlo de sus paisanos, suele tener escasa memoria y se desvanece con el tiempo. Y esto se acentúa si el artista trata de romper los moldes establecidos y avanzar en la experimentación, entonces los reconocimientos pueden llegar en los círculos artísticos pero calan menos entre los conciudadanos.

Por eso, los que nos dedicamos a estudiar y difundir el arte, estamos especialmente obligados a mantener esa memoria viva, aunque sea en estado comatoso, hasta que se vuelva saludable y resurja con fuerza.  Y me permito mencionar otros pintores célebres ya desaparecidos, que además he tenido el lujo de conocer personalmente o de manera minuciosa a través de la investigación directa de su trabajo y que iré tratando en otras entradas como fueron Marcial Gómez (1930-2012) y Alfonso Ariza (1920-1989).

Marcial Gómez. Interior Italiano II (1988)
Alfonso Ariza en su casa-taller

Pero volviendo al núcleo de esta entrada, quiero recordar la figura de López - Obrero, no tanto en un análisis meticuloso de su obra, de la que incluiré imágenes que conecten con la narración, sino una "biografía"subjetiva de lo que yo recuerdo de él y de su obra.

Hace muchos años, en un trabajo que elaboré para la asignatura de Museología y Museografía en la carrera, decidí proyectar un ideal museo para la conservación y difusión de la obra del pintor López-Obrero, que así era como firmaba sus obras. Fue entonces cuando me adentré algo más allá en una obra que me resultaba familiar y que traté, de manera algo naïf, de organizar en un espacio expositivo imagimaginario. Años después sigo considerando necesaria la creación de un centro que difunda su obra y que sería un valor más en nuestra ciudad.

EL HOMBRE MENUDO DE LAS GRUESAS GAFAS
El patio de mi casa. 1930

Esa es una de las imágenes que conservo del artista, al que como digo, pude conocer.
En principio "sólo" era el abuelo de mi vecina Marta, con la que pasaba algunas tardes jugando como niña que era, rondando los 9 años...
Hombre amable y conversador, al que solía cruzarme en el patio de la comunidad cuando venía a visitar a su nietos. Habitualmente iba acompañado de su mujer, siempre de punta en blanco y sonriente, con su especialísimo acento catalán, Mercedes Miarons Feliu. A ella, artista también, la conoció en Barcelona, donde se trasladó tras finalizar sus estudios artísticos realizados entre Córdoba y Madrid. Y en Barcelona se casaron en 1935, en plena II República.  Y menciono la República porque él mismo aludirá en sus memorias la emoción que les produjo a ambos vivir juntos su proclamación el 14 de abril del 1931.
Años después, cuando profundicé algo más en la figura del artista, al elaborar el trabajo, descubrí que su compromiso político ligado a la defensa de las libertades,  le llevaría, como a otros muchos españoles a superar dificultades inenarrables que incluso plasmaría en en alguna de sus obras. Sufrió el exilio en Francia, la separación de su mujer y su familia que huyendo de una Guerra Civil, se toparon con la Segunda Mundial. Tuvo que experimentar lo que es vivir en el campo de concentración Argelés-Sur-Mer varios meses, como tantos otros intelectuales, artistas y personas que cometieron el delito de pensar.
Campo de Concentración de Argelés-Sur Mer (1939)
La vida lo llevó a Perpignan y luego a Toulousse, donde en algo mejoraron sus condiciones de vida, hasta lograr regresar a España. Pero de vuelta aún se vivirían años de represalias del Régimen a pesar del fin de la Guerra y tuvo que seguir padeciendo encarcelado entre Figueras y Barcelona al menos tres años. Y durante todo ese periplo vital, Ángel López-Obrero siguió creando.

Pero no recuerdo yo al pintor, como un hombre triste... imagino que la fortaleza de superar aquello que tuvo que ver y vivir, le haría forjar una personalidad impulsora y positiva frente a la vida, que caracteriza tal vez a aquellos de su generación que compartieron los oscuros años de la Guerra Civil y la Dictadura.

Volviendo a mi paulatino descubrimiento del artista...lo siguiente fue valorar la recuperación que promovió de la artesanía tradicional cordobesa, heredada de nuestros ancestros musulmanes allá por el siglo VIII, en su taller de guadamecíles y cordobanes y que casi estaba ya olvidada en nuestra ciudad.
Ángel López-Obrero en su taller de cueros.

Visitaba de vez en cuando "la tienda" familiar, abarrotada de cueros repujados con su peculiar y agradable aroma, donde los turistas curioseaban y compraban aquellas piezas tan preciosas. ¡Incluso alguna badana me dieron mis vecinos para practicar aquel arte con el buril, el agua y plastilina infantil, a falta de una masilla adecuada!
Esa otra faceta del artista, se inició de vuelta de esas tremendas vivencias fuera Córdoba, fuera de Barcelona y fuera de su país. Una vez se asentó de nuevo en Córdoba en 1951 junto a su esposa, fundó ese taller, que mudó al poco tiempo a su actual ubicación a unos metros de la Mezquita-Catedral, y que sigue siendo referente de esa artesanía centenaria. Y de la mezcla de ambos nombres, el de su esposa Mercedes y el suyo propio Ángel, nació el nombre de Meryan.

LOS DESNUDOS Y LAS PUERTAS VIEJAS

Torso con cabeza inclinada. 1980
Pero seguí descubriendo facetas del artista... porque no se cómo un día acompañé a Marta a casa de sus abuelos. Tal vez porque antes ya mi padre me dijo que Ángel era pintor, pero la memoria no me apura hasta saber cómo se produjo aquella visita.
Sea como sea, allí descubrí montones de cuadros y piezas que seguramente sirvieran de modelos para sus bodegones y de nuevo un olor peculiar a disolvente y un ambiente bohemio que suelen compartir las casas de los artistas.
Y descubrí cuadros y dibujos de desnudos femeninos, que con mi mirada de niña de colegio de monjas, recuerdo que me ruborizaban y lienzos y dibujos de personas jóvenes y viejas, de bodegones, de algún retrato... y de puertas.

Fachada con Farol. 1978
Las puertas me gustaban mucho, y ví que algunas de ellas se parecían a la casa del taller de cueros. Puertas de madera y cuarterones, con la típica solería hidráulica de la primera mitad del siglo XX. Pero otras puertas, mis favoritas, eran puertas viejas, con solera e historia y solitarias. Nunca pregunté al artista el porqué de aquellas puertas desvencijadas, tal vez simplemente fuera que viera el atractivo de la historia en ellas, o porque aquella mezcla de materiales ruinosos, piedras, ladrillos, la cal caída, la madera y los clavos herrumbrosos fueran una fuente de plasticidad y contrastes.

En general, la obra de Ángel López - Obrero siempre me ha dejado cierto sentido de soledad, las figuras humanas se destacan en el ambiente casi vacío sin artificios innecesarios, en cualquiera de los estilos que trabajara. Y es que su carrera artística no se detuvo en un sólo estilo, porque se influyó del cubismo, del constructivismo, del realismo mágico, de la abstracción, del realismo social e incluso en ocasiones de un academicismo peculiar... dándoles a todos una pátina personal que como todo buen artista, marca un estilo propio.

EL VIEJO MENDIGO Y MERCEDES

Como digo, las puertas siempre fueron mis favoritas entre las obras de López - Obrero, pero recuerdo que si tengo que asociar al pintor con alguna obra suya, tendría que decir dos que por sensaciones, que de eso se nutre el arte, son las que primero me asaltan a la mente: El retrato de su mujer Mercedes de 1945 y Sueño de 1983.
Retrato de Mercedes. (1945)

El retrato de Mercedes destila la serenidad y la presenta sobre un fodo neutro que la hace destacar, en una pose bastante academicista, con líneas más marcadas en los paños y más suaves en el rostro de la modelo que queda perfectamente enmarcado en un compuesto y cuidado peinado. La perspectiva es casi cubista en los escasos elementos adicionales a la propia figura, la silla y el libro.
El color parece sencillo y sin estridencias, como queriendo evitar que nada más, excepto la retratada, se haga protagonista en el lienzo.
Esta obra siempre me ha recordado al tratamiento que un artista suele dar de su musa, en concreto siempre me ha recordado a la Gala de Dalí.


El Sueño. (1983)
El Sueño, por su parte, siempre me ha parecido una obra especial. En la a veces mala costumbre de encuadrarlo todo de los historiadores del arte, la obra pertenecería a la corriente de realismo mágico por el tratamiento y la presentación de la obra. Sin embargo, la temática es absolutamente social. Y es que, con el tiempo, cuando conocí algo más su obra, más allá de las primeras impresiones de niña, López-Obrero, desde mi punto de vista, se caracteriza por capturar a las personas que lidiaban cada día como podían con una España de posguerra, donde incluso en el jolgorio de los juegos de unos niños, o en los rostros de sus viejos, se refleja la oscura realidad cotidiana. Y este análisis y retrato de los personajes invisibles para muchos, lo mantuvo como constante a la que siempre volvía sin llegar a ser una temática repetitiva.
El Sueño, nos presenta uno de esos personajes que aún envuelto en un colorido dominado por el dorado de su abrigo, cual tesoro que lo arropa, y de la atmósfera onírica, deja la figura dormida enmarcada entre la oscuridad fría de la noche y la dureza gris del escalón. Escalón que bien puede recordarnos ese andén perimetral de la Mezquita-Catedral que tan cerca le quedaba al pintor.
El mendigo ha sido vencido por el sueño y el objeto de su sueño es de hambre.
El trabajo del color y del claroscuro es muy destacable, sobretodo en su rostro curtido y en sus ropas, alcanzando gran realismo en su volumen y textura. Sinceramente éste es uno de esos cuadros que siempre ha logrado conmoverme.

Este es mi retrato del pintor Ángel Lopez - Obrero que murió en su tierra natal en marzo de 1992. Espero haber despertado el interés en conocer más su obra y tal vez la conciencia de la necesidad de mantener activa la memoria del arte.

GALERÍA:
Nota:Fotografías propiedad de la familia López-Obrero Carmona

Niña Campesina. (1982)

Acusación. (1973)
Busto desnudo. (1984)
Las manos. (1986)
Habitación vacía. (1986)

VIDEO


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