domingo, 20 de julio de 2014

Cuando la mujer danza a los dioses



Desde el mundo occidental, a veces ajeno a la cultura y la historia más allá de las propias, tendemos a generar una visión parcial de lo que no conocemos pero que, sin embargo, nos atrae lo suficiente para detener la mirada. Se crea así un conocimiento popular que puede no hacer justicia a la realidad.

La historia del arte, la música, la danza, el cine o la literatura han plasmado en sus obras ambientes y personajes que parecen pertenecer al mundo de la ensoñación: El Oriente... donde los sentidos son los protagonistas, una forma de vida y hasta de veneración a los dioses y cuyo código "reinventamos" según nuestros modelos y cosmovisión.

La Gran Odalisca. J.A. Ingres (1814)
Desde finales del XVIII y durante el XIX dentro del Romanticismo se generó toda una corriente denominada Orientalismo centrada en esos mundos exóticos que idealiza o trivializa a su antojo, capturando lo anecdótico. Referentes de este orientalismo en la pintura fueron Ingres, Fortuny, Delacroix o Gerome, por citar los más populares. Mientras, en literatura se traducían las "Mil y una noches", W. Irwing escribía sus "Cuentos de la Alhambra" o Kipling el famosísimo "El Libro de la Selva".

Odalisca. M. Fortuny (1861)



Pero el orientalismo nos dejó imágenes superfluas como la de una mujer que era objeto lánguido de deseo en el lujo palatino, dedicadas a la autocontemplación o a ser contempladas. Un Oriente que nos sitúa casi indistintamente en Asia o en África.

Hay que tener en cuenta el ambiente político, social y cultural de la Europa decimonónica. Las grandes potencias estaban en su punto álgido del colonialismo, la industrialización empezaba a deshumanizar la sociedad y la "etiqueta" rancia de la burguesía constreñía literalmente en corsés a la mujer. Esto contrastó con la aparente laxitud de normas sociales entre el hombre y la mujer "orientales". La imagen que se proyecta en Europa de Oriente, es la imagen antagónica de la propia sociedad europea, creada artificialmente a partir de imágenes para suplir sus propios deseos.  

Revisando la idea "orientalista" y a partir de mi debilidad por el ballet "La Bayadera", creado dentro de esta corriente en 1877, decidí escribir esta entrada: El retrato de una parte de Oriente y una más pequeña parte de su universo femenino: las Bayaderas.
Bayaderas o Devadasis. Ilustración de siglo XVIII


EL ORIENTE DE LAS BAYADERAS

El termino general Oriente es el que usamos para definir un amplio espacio geográfico al Este de Europa, tomada como referente.
El Oriens latino de tiempos del Imperio Romano abarca hoy numerosas culturas, religiones y países; desde el norte de África y Egipto a Turquía, de la Península de Indostán a China o Japón.
Hoy nos centramos en India, Pakistán y Bangladesh, aunque también había Bayaderas en sus islas.

La historia de la India es milenaria y rica. A grandes rasgos decir que se practican varias religiones: el Hinduismo es la más antigua e importante aunque desde el siglo VI a.C el Budismo se estableció como otra de las religiones mayoritarias opuesta, por ejemplo, al sistema social de "Castas" hindú. Por otro lado, al norte está presente el Islam desde que en el siglo XI distintas dinastías musulmanas conquistaran la zona.
Pero la India también fue colonizada y explotada comercialmente por Europa desde el siglo XV y aunque fueron varias potencias las que se servían de "Las Indias", fue el Imperio Británico desde el 1600, el que dejó una profunda huella.

Desde las primeras invasiones en la Edad Media hasta 1948, cuando la India logró su independencia tras décadas de tensiones políticas, levantamientos y guerras civiles entre la Corona Británica, musulmanes e hinduistas, la suerte de parte de la sociedad fue cambiando, entre ellas la de las Bayaderas.
Tal vez este sea un esquemático resumen de la historia milenaria de la India, pero creo que suficiente para contextualizar la figura de las Bayaderas y tratar de explicar la deriva que tomó el curso de su condición.

LAS BAYADERAS

Bayadera es la occidentalización del término Devadasis, literalmente "siervas de dios". Eran mujeres hinduistas que desde hacía más de 3.500 años se consagraban a los dioses de por vida en castidad y participaban de los ritos y celebraciones en los templos. Desde la adolescencia eran instruidas en las artes pero también en la cultura, la filosofía e incluso en oratoria. Ser una Devadasi era un privilegio y no podía ejercerse sin instrucción previa.
Los portugueses se referían a ellas como "Bailadeiras", bailarinas, dando lugar al término Bayadera, ya que parte de sus servicios religiosos eran las danzas que se realizaban diariamente. Por eso, la idea que nos llega de ellas es parcial y anecdótica.

Escena del Ballet de La Bayadera.
Sin embargo la música y la danza trasciende para ellos de lo visual y estético, formando parte de la meditación y espiritualidad india. En sus danzas se representaban por ejemplo los Elementos (fuego, agua, tierra y aire). Hoy día, algunas de las asanas (posturas) de Yoga como "El Señor de la Danza", se basan en los movimientos de las bayaderas, por ejemplo de la Danza del Fuego, una de las más espectaculares y representada con licencias en el ballet La Bayadera.

A pesar del rígido Sistema de Castas, o división social por clases, y que la suerte de la mujer se ligaba a la del esposo o protector, las Devadasis contaban con el respeto social. Al "casarse" simbólicamente sólo con un dios o diosa, nunca caían en la desgracia de enviudar, manteniendo un alto estatus incluso en una sociedad que consideraba a los artistas dentro de las castas inferiores.

Pero la situación económica de las Devadasis comenzó a cambiar en la Edad Media y empeoró notablemente durante la colonización europea. Los templos recibían menos dinero e incluso algunos llegan a desaparecer. Las Devadasis empezaban a lidiar con la pobreza y la mendicidad, obligándolas a depender de un hombre que las mantuviera o a la prostitución para sobrevivir.

Grabado de una Rajadasi. E.Lord Weeks (1880)
Al inicio de su decadencia las Devadasis eran requeridas para amenizar con danzas y cantos las celebraciones palatinas o de algún promotor, generando un nuevo tipo de bailarina, las Rajadasis. La palabra viene de Rajá o rey y eran estas Rajadasis las que se especializaron en danzar y cantar en la corte, mientras las Devadasis seguían haciéndolo en los templos.

Pero finalmente, ambas, se popularizaron como "prostitutas sagradas" y fueron relegadas a la "Casta de los Intocables".  La alta sociedad se servía de ellas como entretenimiento y las familias más pobres entregaban a sus niñas para ser las nuevas bayaderas, en un concepto tan lejano al primitivo.
Ante esta situación, durante el Imperio Británico, surgen dos corrientes: una apostó por la recuperación de la tradición y la protección de estas mujeres frente a la prostitución y otra que decidió prohibirla hasta hoy.

De las Bayaderas se dice que se casaban con sus protectores y que del estatus de concubinas pasaban a ser esposas al tener hijos con ellos, pero hay que recordar sin embargo, que las Bayaderas mantenían su castidad de por vida y eran mujeres a las que estaba prohibido tocar.

Hoy por hoy, se sigue relacionando a estas "sacerdotisas" con la prostitución, sin contar ni su origen, ni cómo se produjo la deriva de su historia, llegándolas a confundir con las Odaliscas árabes. Recuperar la tradición y la originalidad de las Bayaderas o Devadasis, su dignidad y su historia está empezando a ser una realidad en la India.

GALERÍA FOTOGRÁFICA

Dos Bayaderas (ca.1880)
Bayadera ejecutando una danza tradicional


Ilustración con Bayaderas. (ca. 1820)
Bayadera bailando para el Príncipe de Gales. (1876)
Odalisca con pantalones rojos. Matisse (1925)

sábado, 24 de mayo de 2014

Las gafas de Al-Gafequi


Esta breve entrada, aunque podemos considerarla de cultura general, surge como respuesta a una realidad que a veces se vive... aquello de "ábrete boca y di lo que quieras". Me animé a escribirla un poco preocupada por las explicaciones que algunos guías locales de mi ciudad, cuentan a los turistas ávidos de información, delante de una de las muchas esculturas dedicadas a nuestros paisanos ilustres: Muhammad Al-Gafequi.
Por eso, a quienes hayan visitado Córdoba tal vez les suene esta entrada y si no, quizás resulte curioso conocer la historia de las gafas y de Al-Gafequi.

CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA

Muhammad Al-Gafequi.
Esa célebre expresión es lo que siempre que paso delante de la escultura de Muhammad Al-Gafequi, en la Plaza del Cardenal Salazar, pienso que él mismo diría cuando se cuenta su historia. Y es que algunos le atribuyen erróneamente el origen de las gafas o, como mínimo, el origen de la palabra gafa, basándose únicamente en una coincidencia entre la profesión del personaje, oculista, y el parecido de su apellido con la palabra. Pero esta atribución no es real.

Al Gafequi, fue uno de nuestros ilustres filósofos y médicos durante el siglo XII. Musulmán y nacido en Belálcazar, pueblo que se denominó Gafia (Gafiq) antes de tiempos cristianos y situado al norte de la provincia de Córdoba, estudió filosofía y medicina entre su ciudad natal y Bagdad, donde recopiló las más avanzadas enseñanzas y técnicas quirúrgicas, desarrollando posteriormente sus propias investigaciones.
Castillo de Belálcazar (Córdoba)

Al-Gafequi se especializó en oftalmología, convirtiéndose en un referente en el estudio y operación de las cataratas. De uno de sus tratados fundamentales, "Guía del Oculista" también referenciado como "Tratado de Oftalmología", se conserva su manuscrito en la Biblioteca de El Escorial (Madrid) y ha sido recientemente reeditado en francés. Este tratado, de cinco secciones sobre medicina general y una más extensa y minuciosa sobre oftalmología, fue escrito para facilitar el estudio y transmitir a su hijo, Ahmed Al-Gafequi, sus conocimientos.
Pero al margen de su profesión y los éxitos cosechados en ella, Muhammad Al-Gafequi no inventó ni las lentes, ni las gafas, ni se dedicó en profundidad al estudio de la óptica, sino de la oftalmología. 

¿DE DÓNDE PROCEDE ENTONCES LA PALABRA GAFAS?

Desmentida ya la relación entre Al-Gafequi y las gafas, debemos decir que sin embargo el origen de la palabra "gafa" sí es árabe.

Gafa proviene del vocablo gafo cuya traducción al castellano es curvo o contraído. De ahí que tomaran su nombre el tipo de patillas curvas que las primitivas gafas tenían, aquellas que evolucionaron de las primeras lentes y que incluían ya montura y varillas para sujetarse y adaptarse a la curvatura de la oreja. Por tanto, como pasa en tantas ocasiones, se denomina al todo por la parte, un tipo de varilla dio nombre a las lentes montadas sobre armadura.
Primitivas lentes "de pinza" sobre montura metálica.

Lo curioso es que gafo no sólo evolucionó al castellano para denominar a las gafas, sino que también es el origen de las palabras "gafe"y "gafar" recogidas por la Real Academia Española y relacionadas con personas con mala suerte y con la acción de trasmitirla e incluso con la torpeza. El motivo, es que en árabe, "gafes" eran los enfermos de Lepra, a los que el agravamiento de la afección acababa por atrofiarles y encorvarles las extremidades, haciéndoles desaparecer incluso los dedos y limitando su movilidad.
Conocido el origen de la palaba española gafas y desmentida la historieta que se cuenta... sólo nos queda conocer algo de la historia de su verdadero origen.

EL INVENTOR PERDIDO

Aunque hubo en la Antigüedad griega y romana personajes como Aristóteles y Ptolomeo que investigaron matemáticamente con primitivas lentes, ese uso no estaba encaminado aún a corregir o facilitar la visión humana, sino más bien al estudio de la luz, su convergencia y divergencia.

Posteriormente en el siglo X, durante una de las épocas doradas de la historia de la filosofía y medicina, el matemático Alhazen, nacido en Basora (Irak - 965) y fallecido en El Cairo (1039), realiza complejos estudios sobre el ojo humano, la función de la retina en él o la forma del cristalino y en su "Libro de óptica" explica minuciosamente que algunos tipos de esferas de cristal aumentan el tamaño de los objetos. Hay quien le considera el precursor del invento de las gafas y el padre de la optimetría. No obstante, también se conoce que en el mismo siglo, en China, ya se utilizaban lentes convexas para facilitar la lectura.

La realidad es que el inventor de las gafas y la fecha, no son conocidos. Se han mantenido durante mucho tiempo como padres de las lentes para mejorar la vista, entre otros, a: Roger Bacon, científico inglés que en 1267 y, siguendo los estudios de Alhazen, escribió su "Opus Majus" donde decía que ciertas lentes de aumento podían facilitar la lectura a ojos débiles; Alessandro della Spina por su parte, fraile de Pisa, dejó un manuscrito de 1289 donde declaraba que sería incapaz de leer y escribir si no fuera por el reciente invento de las lentes. Pero esto, tampoco le atribuye a él la autoría.
Cardenal Hugh de Provenza, 1352

Sea como sea, aquellas primitivas lentes, fabricadas muchas de ellas en cristal veneciano de murano, empezaron siendo monóculos o pares de lentes cuyas primeras monturas, entre finales del siglo XIII y principios del XIV, fueron aparatosas armaduras de madera, hierro o cobre, que simplemente se dejaban caer sobre la nariz. Aquellos incómodos y pesados "armatostes" fueron evolucionando y se le incorporaron primero un mango vertical en un lateral para sujetarlos con la mano y posteriormente las famosas patillas o varillas curvas, "gafo", que acabaron dando el nombre en español a las lentes.

Probablemente, con el tiempo y los estudios, esta entrada quede incompleta en el momento en que algún investigador logre dar con el misterioso inventor de las gafas. O tal vez, no se encuentre nunca, porque la aportación durante siglos de diferentes científicos, matemáticos, médicos y oftalmólogos, hayan dado lugar a una autoría conjunta y en equipo de las gafas, tan útiles y necesarias para todos.



martes, 29 de abril de 2014

Los Cármenes: Minifundios del pasado y los oasis del presente

Vista desde el mirador del Carmen de la Antequeruela Alta. Actual Casa-Museo Manuel de Falla.

"Me siento en Granada como en el centro del mundo, como si Granada fuera un pequeño París..." 
Estas fueron las palabras escritas por Manuel de Falla para referirse a su espacio íntimo en la ciudad granadina, en la que compondría obras como "Noches en los Jardínes de España"
Sin embargo no fue el bullicio de la Granada que comparaba con París el espacio eligido por el gaditano universal para vivir, sino un Carmen conocido como El Carmen de la Antequeruela Alta o el Carmen del Ave María... de donde sólo saldría para exiliarse en Argentina. 
Y es que Falla, supo escoger un espacio de silencio, de introspección e intimidad en el que desarrollar su obra, a las afueras de Granada, en las colinas de la Sierra y la Vega granadina, donde se ubicaron en origen todos los Cármenes.

Carmen de los Geranios. Casa-Museo Max Moreau.
LOS CÁRMENES: ORIGEN Y TIPOLIGÍA

El origen de esta tipoligía arquitectónica, propia de Granada, la encontramos fundamentalemente en la época Nazarí, entre el 1237 y 1492, último período de dominación musulmana en la Península Ibérica. Esta etapa, marcada por la presión de los reinos cristianos y la Reconquista, se caracterizará por construcciones civiles y religiosas de bella y lujosa estética pero realizada con materiales humildes y económicos como el ladrillo, la argamasa, la cal y las yeserías, que en mucho distan de aquellos otros utilizados durante la etapa de esplendor musulmán del Emirato y el Califato de Córdoba donde los sillares de piedra, el mármol y la caliza tallada eran los recursos habituales para las edificaciones.

Puntualizado esta realidad constructiva, nos centramos en esta entrada en un tipo de vivienda muy concreto que se da en Granada y que respondiendo a la identidad musulmana intimista, define un espacio ubicado en las colinas de la ciudad y destinado en origen al minifundio privado: El Carmen. Etimológicamente el Carmen proviene del vocablo árabe  karm o korm que se traduce como "viña" y le encontraremos todo el sentido una vez comprendamos su uso. Por tanto su denominación no tiene nada que ver con el origen del nombre femenino Carmen, proviniente del latín Carmen-carminis y que traducimos como poema.

Este tipo de vivienda que hoy identificamos con espacios bucólicos y paradisíacos del urbanismo hispanomusulmán sin embargo tenía una función inicial bien práctica. Eran espacios austeros destinados a la explotación privada de huertos y jardínes de árboles frutales, donde la vivienda era escueta de habitaciones pequeñas y de planta cuadrangular que generalmente comunicaban con el huerto y el jardín. Aunque esta primera descripción puede recordarnos a la tradicional distribución de la casa musulmana organizada alrededor de un patio, su sentido era diferente.
Vista de los Cármenes en Granada
Los cármenes eran espacios reducidos distribuidos en varias terrazas para adaptarse a la ladera donde se ubicaban, comunicando estos distintos niveles por adarves y escaleras exteriores a la vivienda. La organización de estas terrazas no solía ser unas bajo las otras en un mismo eje, sino que a menudo la disposición era irregular orientando las terrazas en distintas direcciones, acomodándose a los cármenes vecinos o al propio terreno y no éste a la edificación.

Todos los cármenes contaban, a pesar de su austeridad, con un sistema hidráulico y de irrigación muy práctico, que mediante acequias y canalillos abastecían perfectamente de agua cada huerto o jardín.
Por todos es conocida la especial habilidad de los musulmanes en el uso y distribución del agua, tanta... que textos los históricos cuentan que cuando los cármenes pasaron a ser residencias de recreo de familias cristianas tras la Reconquista, éstas contaban con el asesoramiento de musulmanes sobre los sistemas de irrigación y cultivo, pues sin su consejo lograban escasos éxitos en botánica.

Exterior de un Carmen en el Albaycín.
El exterior de los cármenes, como sí ocurría con los exteriores de cualquier vivienda del período musulmán, era un muro perimetral de gran grosor y alto, generalmente de 2 metros, encalado y sin vanos exteriores. Los accesos, lo mismo que en el resto del urbanismo musulmán solían ser una única puerta de entrada, ubicada discretamente fuera de la vía principal y por supuesto, nunca frente a la puerta de un carmen vecino. De nuevo la protección de la intimidad de la vivienda es primordial y por tanto desde fuera tan sólo podemos ver un muro corrido que para nada nos hace imaginar el vergel interior.

EL USO DE LOS CÁRMENES Y SU EVOLUCIÓN

Uno de los niveles del Carmen de los Geranios.
Ya hemos comentado el inicial uso destinado a la explotación privada de frutales y arbustos entre ellos obviamente la viña, de donde adquiere su denominación esta tipoligía arquitectónica. No se trataba de grandes explotaciones agrarias fuera del núcleo urbano, sino de espacios prácticos para el abastecimiento familiar próximos a la ciudad o incluso dentro de ella.
El comercio surgido también alrededor de estos pequeños huertos, favoreció en gran medida el desarrollo económico de este zona de la Vega granadina.
Alhucema o espliego.
Los musulmanes cultivaban con mimo numerosos árboles frutales, algunos de ellos importados desde Oriente en el siglo VIII, cuando el esplendor Omeya impulsó uno de los periodos históricos más brillantes en la Península. Los cítricos, ciruelos, membrilleros, y los granados, así como otros arbustos como el zumaque y plantas aromáticas como el arrayán, la alhucema, conocida también como espliego, los narcisos, las violetas, los jazmines y las damas de noche, tan del gusto árabe, se distribuían en las terrazas de los cármenes y estos espacios ajardinados se combinaban en diferentes parterres y terrazas con huertos donde cultivar hortalizas como calabazas, berenjenas o alcachofas u otras plantas como el azafrán y la albahaca.

El conocimiento botánico de los musulmanes era extenso y ninguna planta era casual, ni elegida sólo por su aspecto, que sin embargo solía ser hermoso. El uso medicinal de las plantas, la extracción de sus aceites esenciales y la consideración de las características de cada una eran muy tenidas en cuenta.
Arbusto de Zumaque
Para darnos una idea de algunas de las especies vegetales más comunes en los cármenes con un uso práctico, más allá del consumo alimenticio, mencionaré el arbusto Zumaque, que servía para encurtir aceitunas y alcaparras y que desde el siglo X en Córdoba, por ejemplo, fue utilizado para curtir las pieles donde trabajar los cordobanes y guadamecíes. La Albahaca que se utilizaba como medicina digestiva e incluso como repelente de mosquitos. La Alhucema o espliego usado por su aceite esencial con propiedades antisépticas, antiflamatorias y por su aroma como antidepresivo y contra el insomnio. El Azafrán se utilizó como digestivo, analgésico y remedio natural contra el asma.

El sentido de espacio de recreo se va configurando desde la Reconquista del Reino de Granada en el siglo XV y durante el siglo XVI. Hay que tener en cuenta que hechos históricos como la Sublevación de Moriscos entre 1568 y 1572, cruento enfrentamiento que surgió como reacción a la Pragmática Sanción de Felipe II que pretendía acabar con la idendidad y la cultura musulmana, mermó y dispersó a miles de moriscos que vivían en las zonas del Albaycín y la Vega de Granada, la mayoría de ellos en estos Cármenes. Cuando estas zonas quedaron despobladas al expulsar a los musulmanes por edictos reales, se arrasaron sus cultivos y se abandonaron estas viviendas. La economía y la demografía se resintieron y se decidió repoblar con las familias cristianas la zona. Así fueron ellos los que se hicieron con la posesión de estas viviendas, lo que supuso el inicio de la transformación de estos minufundios en espacios de recreo.

Jardín del Carmen de la Victoria
El aspecto romántico de jardínes bucólicos y estudiados, salteados de esculturas y fuentes de tradición árabe con viviendas pequeñas pero lujosas, acaba por fraguarse entre el siglo XVIII y el XIX. La creciente clase burguesa establecen allí sus casas veraniegas, cercanas a la ciudad pero apartadas del bullicio y con vistas muchas de ellas al palacio nazarí de la Alhambra.
Hay un creciente gusto orientalizante y por la recuperación idealizada de la cultura musulmana, que finalmente marca el aspecto actual de los cármenes granadinos. Es entonces cuando las familias acomodadas abarrotan el interior de las habitaciones de tapices, narguiles donde fumar el tabaco o cajitas y mesitas de taracea con sus incrustraciones de marfil, nácar y madera, entre otros muchos objetos exóticos.
No son pocos los artistas nacionales y extranjeros, los que fijan sus residencias en estas viviendas, que les inspiran y capturan cada cual a su manera. Lugares de ensueño, como paraísos privados distintos a aquellos primeros cármenes de mayor pragamatismo.

CÁRMENES: FUENTE DE INSPIRACIÓN Y RETIRO DE ARTISTAS

Son muchos los cármenes conocidos y visitados en Granada, el Carmen de la Victoria, el de los Chapiteles (que perteneciera al Gonzalo Fernández de Córdoba), el de los Mártires... pero quiero nombrar aunque sea de pasada algunos menos conocidos y que además están ligados a personajes destacados en la historia del arte.

Acceso al Carmen de los Geranios. Casa-museo Max Moreau.
El pintor belga Max Moreau, en 1965 se establece en el denominado Carmen de los Geranios, que finalmente resultó ser el lugar de retiro hasta su muerte en 1992. Este carmen a menudo pasa desapercibido ya que se ubica justo bajo el conocidísimo Mirador de San Nicolás. Sin embargo las vistas que se pueden disfrutar desde este carmen en nada desmerecen a las del famosísimo mirador. En la actualidad, este carmen pertenece al Ayuntamiento de Granada y en él se ubicó la Casa - Museo del pintor, donde no sólo se exponen algunas de sus obras sino que se pude visitar su estudio privado.

Carmen La Antequeruela Alta. Museo Falla
El Carmen de la Antequeruela o del Ave María fue el escogido por el músico Manuel de Falla entre 1922 y 1939, cuando se exilió a Argentina. En él compuso numerosas obras y compartió no pocos ratos con otros artistas y amigos como Federico García Lorca, Isaac Albéniz, Pablo Picasso o Vázquez Díaz, de los que se puede disfrutar en esta misma vivienda de algunas de sus obras. Falla, que escribió numerosas misivas desde este Carmen, abandonó esta residencia y en ella sus pertenencias en el año 39, dejando tras de sí la impresión de que en cualquier momento aparecerá el compositor por esas habitaciones o la cocinita o que lo veremos pasear por alguno de sus jardínes. Actualmente en el carmen se ubica la casa-museo, gestionada por la Fundación Manuel de Falla y situado próximo al auditorio y la sede la misma fundación.


Carmen de Rodríguez Acosta. Casa-museo del pintor
Otro caso peculiar fue el carmen del pintor granadino Rodriguez Acosta, que decidió construir su propio conjunto en 1914, con un estilo bastante ecléctico y jardínes históricos inspirados en distintas culturas. Hoy se eleva en cinco terrazas, en parte rompiendo la armonía del paisaje al ubicar altas torres en parte de la vivienda y la biblioteca privada, que ofrecen unas vistas impresionantes. El carmen de Rodriguez Acosta, dirigido por la Fundación del mismo nombre, incluye un espacio museístico no sólo de su obra sino de numerosas y valiosísimas piezas que él mismo fue seleccionando en sus viajes. Este carmen resulta un tanto peculiar no sólo por su estética, sino por las dimensiones y extensión del mismo, superando en mucho el tamaño medio de cualquier otro carmen.

Los cármenes, tanto en su origen como en la actualidad, son un espectáculo para los sentidos, que a veces pasan desapercibidos al trasiego de los turistas en el Albaycín de Granada.

GALERÍA DE IMÁGENES:

Carmen de la Victoria
Carmen de la Victoria
Entrada al Carmen de Rodríguez Acosta
Vista de una de las terrazas del Carmen de Rodríguez Acosta
Biblioteca del Carmen de Rodríguez Acosta
Carmen del pintor Rodríguez Acosta
Carmen de la Antequeruela Alta. Casa-museo de M.de Falla
Carmen de la Antequeruela Alta
Manuel de Falla en su habitación del Carmen
Habitación de Manuel de Falla en el Carmen
Habitación del Carmen de los Geranios. Casa-Museo Max Moreau
Interior de la vivienda en el Carmen de los Geranios. Casa Museo Max Moreau
Patio y fuente del Carmen de los Geranios.

sábado, 29 de marzo de 2014

"Yo nací en Córdoba el 20 de abril de 1910, a las ocho de la tarde..."

Así, con el título de esta entrada, empieza la autobiografía de uno de los artistas contemporáneos que ha dado a luz la ciudad de Córdoba: Ángel López-Obrero Castiñeira.
Como suele pasar con las ciudades pequeñas y sus pintores, sus poetas, sus músicos y sus artistas en general, el reconocimiento que tuvieran en su momento, aquellos que pudieran obtenerlo de sus paisanos, suele tener escasa memoria y se desvanece con el tiempo. Y esto se acentúa si el artista trata de romper los moldes establecidos y avanzar en la experimentación, entonces los reconocimientos pueden llegar en los círculos artísticos pero calan menos entre los conciudadanos.

Por eso, los que nos dedicamos a estudiar y difundir el arte, estamos especialmente obligados a mantener esa memoria viva, aunque sea en estado comatoso, hasta que se vuelva saludable y resurja con fuerza.  Y me permito mencionar otros pintores célebres ya desaparecidos, que además he tenido el lujo de conocer personalmente o de manera minuciosa a través de la investigación directa de su trabajo y que iré tratando en otras entradas como fueron Marcial Gómez (1930-2012) y Alfonso Ariza (1920-1989).

Marcial Gómez. Interior Italiano II (1988)
Alfonso Ariza en su casa-taller

Pero volviendo al núcleo de esta entrada, quiero recordar la figura de López - Obrero, no tanto en un análisis meticuloso de su obra, de la que incluiré imágenes que conecten con la narración, sino una "biografía"subjetiva de lo que yo recuerdo de él y de su obra.

Hace muchos años, en un trabajo que elaboré para la asignatura de Museología y Museografía en la carrera, decidí proyectar un ideal museo para la conservación y difusión de la obra del pintor López-Obrero, que así era como firmaba sus obras. Fue entonces cuando me adentré algo más allá en una obra que me resultaba familiar y que traté, de manera algo naïf, de organizar en un espacio expositivo imagimaginario. Años después sigo considerando necesaria la creación de un centro que difunda su obra y que sería un valor más en nuestra ciudad.

EL HOMBRE MENUDO DE LAS GRUESAS GAFAS
El patio de mi casa. 1930

Esa es una de las imágenes que conservo del artista, al que como digo, pude conocer.
En principio "sólo" era el abuelo de mi vecina Marta, con la que pasaba algunas tardes jugando como niña que era, rondando los 9 años...
Hombre amable y conversador, al que solía cruzarme en el patio de la comunidad cuando venía a visitar a su nietos. Habitualmente iba acompañado de su mujer, siempre de punta en blanco y sonriente, con su especialísimo acento catalán, Mercedes Miarons Feliu. A ella, artista también, la conoció en Barcelona, donde se trasladó tras finalizar sus estudios artísticos realizados entre Córdoba y Madrid. Y en Barcelona se casaron en 1935, en plena II República.  Y menciono la República porque él mismo aludirá en sus memorias la emoción que les produjo a ambos vivir juntos su proclamación el 14 de abril del 1931.
Años después, cuando profundicé algo más en la figura del artista, al elaborar el trabajo, descubrí que su compromiso político ligado a la defensa de las libertades,  le llevaría, como a otros muchos españoles a superar dificultades inenarrables que incluso plasmaría en en alguna de sus obras. Sufrió el exilio en Francia, la separación de su mujer y su familia que huyendo de una Guerra Civil, se toparon con la Segunda Mundial. Tuvo que experimentar lo que es vivir en el campo de concentración Argelés-Sur-Mer varios meses, como tantos otros intelectuales, artistas y personas que cometieron el delito de pensar.
Campo de Concentración de Argelés-Sur Mer (1939)
La vida lo llevó a Perpignan y luego a Toulousse, donde en algo mejoraron sus condiciones de vida, hasta lograr regresar a España. Pero de vuelta aún se vivirían años de represalias del Régimen a pesar del fin de la Guerra y tuvo que seguir padeciendo encarcelado entre Figueras y Barcelona al menos tres años. Y durante todo ese periplo vital, Ángel López-Obrero siguió creando.

Pero no recuerdo yo al pintor, como un hombre triste... imagino que la fortaleza de superar aquello que tuvo que ver y vivir, le haría forjar una personalidad impulsora y positiva frente a la vida, que caracteriza tal vez a aquellos de su generación que compartieron los oscuros años de la Guerra Civil y la Dictadura.

Volviendo a mi paulatino descubrimiento del artista...lo siguiente fue valorar la recuperación que promovió de la artesanía tradicional cordobesa, heredada de nuestros ancestros musulmanes allá por el siglo VIII, en su taller de guadamecíles y cordobanes y que casi estaba ya olvidada en nuestra ciudad.
Ángel López-Obrero en su taller de cueros.

Visitaba de vez en cuando "la tienda" familiar, abarrotada de cueros repujados con su peculiar y agradable aroma, donde los turistas curioseaban y compraban aquellas piezas tan preciosas. ¡Incluso alguna badana me dieron mis vecinos para practicar aquel arte con el buril, el agua y plastilina infantil, a falta de una masilla adecuada!
Esa otra faceta del artista, se inició de vuelta de esas tremendas vivencias fuera Córdoba, fuera de Barcelona y fuera de su país. Una vez se asentó de nuevo en Córdoba en 1951 junto a su esposa, fundó ese taller, que mudó al poco tiempo a su actual ubicación a unos metros de la Mezquita-Catedral, y que sigue siendo referente de esa artesanía centenaria. Y de la mezcla de ambos nombres, el de su esposa Mercedes y el suyo propio Ángel, nació el nombre de Meryan.

LOS DESNUDOS Y LAS PUERTAS VIEJAS

Torso con cabeza inclinada. 1980
Pero seguí descubriendo facetas del artista... porque no se cómo un día acompañé a Marta a casa de sus abuelos. Tal vez porque antes ya mi padre me dijo que Ángel era pintor, pero la memoria no me apura hasta saber cómo se produjo aquella visita.
Sea como sea, allí descubrí montones de cuadros y piezas que seguramente sirvieran de modelos para sus bodegones y de nuevo un olor peculiar a disolvente y un ambiente bohemio que suelen compartir las casas de los artistas.
Y descubrí cuadros y dibujos de desnudos femeninos, que con mi mirada de niña de colegio de monjas, recuerdo que me ruborizaban y lienzos y dibujos de personas jóvenes y viejas, de bodegones, de algún retrato... y de puertas.

Fachada con Farol. 1978
Las puertas me gustaban mucho, y ví que algunas de ellas se parecían a la casa del taller de cueros. Puertas de madera y cuarterones, con la típica solería hidráulica de la primera mitad del siglo XX. Pero otras puertas, mis favoritas, eran puertas viejas, con solera e historia y solitarias. Nunca pregunté al artista el porqué de aquellas puertas desvencijadas, tal vez simplemente fuera que viera el atractivo de la historia en ellas, o porque aquella mezcla de materiales ruinosos, piedras, ladrillos, la cal caída, la madera y los clavos herrumbrosos fueran una fuente de plasticidad y contrastes.

En general, la obra de Ángel López - Obrero siempre me ha dejado cierto sentido de soledad, las figuras humanas se destacan en el ambiente casi vacío sin artificios innecesarios, en cualquiera de los estilos que trabajara. Y es que su carrera artística no se detuvo en un sólo estilo, porque se influyó del cubismo, del constructivismo, del realismo mágico, de la abstracción, del realismo social e incluso en ocasiones de un academicismo peculiar... dándoles a todos una pátina personal que como todo buen artista, marca un estilo propio.

EL VIEJO MENDIGO Y MERCEDES

Como digo, las puertas siempre fueron mis favoritas entre las obras de López - Obrero, pero recuerdo que si tengo que asociar al pintor con alguna obra suya, tendría que decir dos que por sensaciones, que de eso se nutre el arte, son las que primero me asaltan a la mente: El retrato de su mujer Mercedes de 1945 y Sueño de 1983.
Retrato de Mercedes. (1945)

El retrato de Mercedes destila la serenidad y la presenta sobre un fodo neutro que la hace destacar, en una pose bastante academicista, con líneas más marcadas en los paños y más suaves en el rostro de la modelo que queda perfectamente enmarcado en un compuesto y cuidado peinado. La perspectiva es casi cubista en los escasos elementos adicionales a la propia figura, la silla y el libro.
El color parece sencillo y sin estridencias, como queriendo evitar que nada más, excepto la retratada, se haga protagonista en el lienzo.
Esta obra siempre me ha recordado al tratamiento que un artista suele dar de su musa, en concreto siempre me ha recordado a la Gala de Dalí.


El Sueño. (1983)
El Sueño, por su parte, siempre me ha parecido una obra especial. En la a veces mala costumbre de encuadrarlo todo de los historiadores del arte, la obra pertenecería a la corriente de realismo mágico por el tratamiento y la presentación de la obra. Sin embargo, la temática es absolutamente social. Y es que, con el tiempo, cuando conocí algo más su obra, más allá de las primeras impresiones de niña, López-Obrero, desde mi punto de vista, se caracteriza por capturar a las personas que lidiaban cada día como podían con una España de posguerra, donde incluso en el jolgorio de los juegos de unos niños, o en los rostros de sus viejos, se refleja la oscura realidad cotidiana. Y este análisis y retrato de los personajes invisibles para muchos, lo mantuvo como constante a la que siempre volvía sin llegar a ser una temática repetitiva.
El Sueño, nos presenta uno de esos personajes que aún envuelto en un colorido dominado por el dorado de su abrigo, cual tesoro que lo arropa, y de la atmósfera onírica, deja la figura dormida enmarcada entre la oscuridad fría de la noche y la dureza gris del escalón. Escalón que bien puede recordarnos ese andén perimetral de la Mezquita-Catedral que tan cerca le quedaba al pintor.
El mendigo ha sido vencido por el sueño y el objeto de su sueño es de hambre.
El trabajo del color y del claroscuro es muy destacable, sobretodo en su rostro curtido y en sus ropas, alcanzando gran realismo en su volumen y textura. Sinceramente éste es uno de esos cuadros que siempre ha logrado conmoverme.

Este es mi retrato del pintor Ángel Lopez - Obrero que murió en su tierra natal en marzo de 1992. Espero haber despertado el interés en conocer más su obra y tal vez la conciencia de la necesidad de mantener activa la memoria del arte.

GALERÍA:
Nota:Fotografías propiedad de la familia López-Obrero Carmona

Niña Campesina. (1982)

Acusación. (1973)
Busto desnudo. (1984)
Las manos. (1986)
Habitación vacía. (1986)

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